Muchos dirían que Gante, Brujas o Bruselas no tienen ninguna conexión con España, que jamás tuvieron nada significativo en común, pero sin embargo todos dirían que el país es famoso por sus chocolates de fama internacional. Pero ¿Por qué el chocolate? Bélgica durante el siglo XV fue gobernada por Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, o lo que es lo mismo por Carlos I de España, el primer rey de la casa de Austria, por lo que técnicamente ambos países compartíamos jefe de Estado. De ahí se explica el incremento del comercio entre el puerto de Sevilla y el Brujas, este comercio trajo al pequeño país novedosos productos provenientes de la recién descubierta América, entre ellos el cacao.
Por este motivo, Brujas perfeccionó el arte de transformar el cacao antes que España, lo que hizo que sus chocolates (escasos en otros países del viejo continente) fueran reconocidos internacionalmente por su calidad. Actualmente Brujas es una pequeña ciudad situada a escasos metros del Mar del Norte, con numerosos canales que son testigos mudos de la importancia que tuvo como puerto comercial durante la Edad Moderna. Ya no pasan navíos a velas, ni modernos buques, pues sus canales se han vuelto demasiado pequeños para el tráfico marítimo actual, no obstante, el centro histórico por lo que representa y por su belleza se encuentra clasificado como Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco. Ahora los extranjeros no se ven como el enemigo, sino como la principal fuente de ingresos de la ciudad.
Situado más en el centro, pero también en la parte flamenca del Reino de Bélgica, nos encontramos con Gante, ciudad universitaria por excelencia. Si Brujas se constituye como la ciudad museo, Gante es la ciudad viva, la inquieta generadora de tendencias. También posee hermosos canales, el más conocido el muelle de las hierbas (Graslei), aunque lo espectacular de esta ciudad además de su arquitectura de clara influencia germánica son sus bicis, sus pubs y el inconfundible estilo de vida saludable que llevan a cabo muchos de sus habitantes.
Y por último, y aunque sea atípico comenzar un post sobre Bélgica y dejar a su capital para el final, mencionamos a Bruselas. La ciudad es el corazón de la Unión Europea, acoje el Barrio Europeo de Bruselas donde encontramos el edificio de la Comisíon Europea y el edificio del Consejo Europeo, por lo que podemos afirmar que el ejecutivo europeo reside en Bruselas. La ciudad se constituye como diferente al resto de ciudades importantes del país, a caballo entre la parte flamenca y francófona, no termina de posicionarse hacia ningún lado, pues de hecho pertenece a una región independiente, la Región de Bruselas-Capital. Se habla francés, pero tiene el desarrollo económico de la parte flamenca, y son tradicionales productos tan flamencos como los goffres.
Muchos la definen como la ciudad gris, la clásica capital de nación que perdió su identidad en pro del progreso. Sin embargo, desde mi punto de vista Bruselas con su Mannenken pis (del que advierto que apenas supera el medio metro), su Grand Place o su Parque del Centernario, es una ciudad atractiva que debe ser visitada. Cierto es que carece del carisma de otras ciudades belgas, pero sin embargo tiene algo de las que otras carece, el comic. El comic está presente por toda la ciudad, son muchas las esquinas que decoran grises edicios neoclásicos o algún edificio del que se olvidó el progreso. Y no es para menos, pues Tintín, Asterix y Obelix o los Pitufos son ciudadanos belgas de pleno derecho.

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