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viernes, 31 de mayo de 2013

Las Vegas, EE.UU.
















Casinos, Elvys, vicios y otras drogas. Con tan sólo esta frase ya comprendemos que esta vez nos referimos a Las Vegas, capital del juego y del sexo por excelencia. La ciudad se encuentra ubicada en el estado de Nevada, compartiendo desierto con nada menos que uno de los monumentos naturales más famosos del mundo, el gran cañón!

En este caso también han sido las numerosas películas que han reflejado el lujo y el glamour, aunque un poco casposo, las que han ayudado a formar un imaginario colectivo acerca de la ciudad. A pesar de ello hay aspectos que el cine no puede transmitir, por ejemplo el acusado calor que azota a la ciudad durante todos los meses de verano, superando los 50º durante el día y bajando poco menos de 40º durante la noche. 

En este sentido hoteles como el Caesars Palace, el Hotel Venetian, el Luxor o el Bellagio suponen auténticos oasis en el desierto donde además de la opulencia pueden ofrecer un servicio continuo de aire acondicionado que en muchas ocasiones se hace más necesario que las propias fuentes de estilo neoclásico, las limusinas o las fichas de poker que pueden ofrecer. 

Las Vegas puede parecer cara, pero sin embargo el visitante podrá comprobar rápidamente que si no le atrae el juego, el resto de actividades que ofrece la ciudad son relativamente baratas, pues el viaje en limusina tanto por su precio como por el servicio se hace casi obligatorio contratarlo. El atractivo turístico de la ciudad reside casi exclusivamente en Las Vegas Strip, avenida que cuenta con una de las mayores concentraciones hoteleras del mundo con más de 25 hoteles a lo largo de sus 6'4 Km.

Podríamos afirmar que existen dos Las Vegas, la atractiva de neón y aquella donde las casas ajardinadas son las que dominan el skyline. La segunda no es más que una ciudad dormitorio dentro de su propio término municipal, mientras que la segunda es la realmente frenética y atractiva ciudad que todo el mundo conoce. Por tanto, aunque quede justificado que la primera sea la conocida, quería matizar que el visitante ha de tener en cuenta que existe una cara B de la ciudad y que podrá observarla desde los hoteles más altos de Las Vegas Strip.

Pero ¿Por qué Las Vegas es la ciudad del juego y no otra? A simple vista se puede pensar que con su clima árido y arrinconada por la Cadena Costera del Pacífico no es un buen lugar donde albergar un megacomplejo turístico de atracción internacional, sin embargo tiene una explicación histórica. Aunque l lugar fue descubierto asombrosamente tarde, alrededor de 1829 por el español Antonio Armijo, el lugar se cosntituyó como un lugar de paso entre la ciudad de Los Ángeles y Albuquerque en Nuevo Méjico, suceso que propició el desarrollo económico de la ciudad.

Sin embargo, fue a partir de 1931 con la legalización del juego en los Estados Unidos cuando la ciudad comenzó a conformarse por lo que hoy la conocemos gracias a su ubicación de ciudad de paso. Poco a poco, tras el crack del 29 muchos inversores se vieron atraídos por este sector económico en auge y comenzaron a financiar la construcción de hoteles en la ciudad vieja. Posteriormente se sumó la financiación de empresarios dedicados al juego que tras la implantación del régimen castrista en la Habana tuvieron que desviar su actividad empresarial a EE.UU., pues el comunismo no toleraba la actividad económica en casinos.

Finalmente a fines de la década de los ochenta y sobretodo a comienzos de los noventa, la ciudad cambió de fisionomía al desarrollarse Las Vegas Strip, donde se comenzó a concentrar la actividad del juego. De esta forma se empezó la construcción del Skyline de Las Vegas que conocemos actualmente, un Skyline polivalente, que a veces recuerda a El Cairo gracias al gran Hotel Luxor, otras a Francia representada por la pequeña Torre Eiffel del Hotel París o incluso a la siempre romántica Italia con los canales interiores del Hotel Venetian.

En definitiva, podrá ser un lugar recurrente para hacer turismo, un lugar en el que parecerá que ya has estado, pero aunque frívolo el glamour del siglo XXI, ese mismo que no es más que producto del capitalismo más salvaje sin tener en cuenta las consecuencias sociales, merece ser visitado. Al menos para poder comprenderlo, y así tener conciencia de ello.



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