Conocida como la perla del Adriático o la Atenas Dálmata, esta ciudad se encuentra situada en el extremo sur de la costa croáta. Aunque separada por una pequeña lengua de tierra de nacionalidad bosnia-herzegobina, la ciudad en sí misma representa la esencia croáta, esa esencia compuesta por mar, bosques vírgenes y mucha historia.
Historia
Dubrovnik fue un importante puerto comercial durante los siglos XIV,XV y XVI. La ciudad se constituyó como la Républica libre de Ragusa, a pesar de estar bajo soberanía Austro-húngara. Por su importante comercio tenía fuertes lazos económicos con Venecia, con la que rivalizaba. Finalmente en el año 1667 sufrió un grave terremoto que la destruyó casi por completo y que marcó el inicio de una nueva época en la que se deslatinizó la zona y comenzó a tener mayor influencia de los pueblos eslavos. Posteriormente sufriría una breve ocupación napoleónica con claros intentos de italianizar la ciudad, para posteriormente volver a ser anexionada al Imperio Austro-húmgaro.
Ya en época contemporánea, tras caer el Imperio Austro-húngaro, la ciudad formó parte de Yugoslavia, país que estaba compuesto además por serbios y eslovenos. Tanto la ciudad como toda Croacia fue forzada a la anexión a Yugoslavia, país en la que los serbios tenían gran poder e influencia. Por este motivo cuando se produjo el desmembramiento de las Repúblicas Socialistas de Yugoslavia en 1991, las tensiones se hicieron insoportables y la ciudad sufrió un bombardeo que destruyó parte de su patrimonio. No obstante, Croacia fue el primer país de Yugoslavia en independizarse y salir del conflicto, por lo que por suerte su patrimonio se vio poco afectado.
En definitiva, en Dubrovnik son sus glorias las que relucen y las penas las que se esconden. Al bañarse en sus aguas amuralladas o recorrer sus calles empedradas, se hará difícil imaginarse que hace a penas veinte años la ciudad, así como su país vivía el último conflicto bélico de Europa.

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